A menos de un año de las elecciones generales en Bolivia, la figura del expresidente Evo Morales vuelve a ocupar el centro del escenario político. El exmandatario ha solicitado formalmente que se le habilite como candidato presidencial para los comicios de 2025, en un movimiento que agita el panorama electoral y profundiza las tensiones dentro del oficialismo.
Morales ha invocado el principio de la igualdad de derechos para todos los ciudadanos y ha criticado el fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) que, en diciembre del año pasado, determinó que la reelección indefinida no es un derecho humano, desmintiendo una interpretación previa que él empleó para postularse en 2019. De acuerdo con el líder del Movimiento al Socialismo (MAS), esta reciente resolución restringe sus derechos políticos y está influida por intereses externos a la Constitución.
La petición de Morales se produce en un contexto de fragmentación interna en el MAS, donde distintos sectores pugnan por el liderazgo rumbo a las presidenciales. La administración actual, encabezada por el presidente Luis Arce, ha mantenido una relación tensa con Morales, marcada por distancias estratégicas y visiones divergentes sobre la conducción del partido y del país.
Desde su retorno a Bolivia tras su exilio posterior a la crisis política de 2019, Morales ha buscado reposicionarse como líder natural del MAS, apelando a su base social en el movimiento cocalero y en sectores rurales. En sus declaraciones recientes, afirmó que es víctima de una “proscripción política” y denunció maniobras judiciales destinadas a impedir su participación electoral.
Sin embargo, el escenario legal es complejo. La decisión del TCP establece que la reelección presidencial indefinida es contraria a los principios democráticos contenidos en la Constitución boliviana, por lo que cualquier intento de habilitación por esa vía podría ser rechazado por los órganos electorales. Morales sostiene que esta interpretación atenta contra la soberanía popular y que será el pueblo quien decida, en las urnas, si desea o no su regreso.
Expertos estiman que la eventual candidatura de Morales podría cambiar totalmente el panorama político en Bolivia. Aunque ciertos grupos dentro del MAS lo consideran un dirigente legítimo con respaldo popular, otros temen que su presencia divida aún más a la coalición en el poder y reduzca sus posibilidades en las elecciones. La oposición, por otro lado, ha manifestado su desacuerdo con una posible candidatura del antiguo mandatario, al que acusan de intentar eternizarse en el poder.
La incertidumbre sobre su habilitación también pone en aprietos al Tribunal Supremo Electoral, que deberá pronunciarse si la solicitud se formaliza ante esa instancia. De momento, no hay una candidatura oficial inscrita, pero los movimientos dentro del MAS y las declaraciones de Morales anticipan una campaña polarizada.
El futuro inmediato de Bolivia parece, una vez más, ligado a la figura de Morales. Su intención de volver a disputar la presidencia abre interrogantes sobre la legalidad, la legitimidad y el impacto político de su eventual candidatura. En medio de un clima de alta tensión y división, el proceso electoral de 2025 se perfila como un momento decisivo para el país andino.
